22 diciembre 2009

Copenhague decepciona al mundo

París.- El acuerdo mínimo que resultó tras la conferencia sobre el cambio climático en Copenhague ha sido criticado alrededor del mundo por ser elaborado a puerta cerrada por un puñado de potencias ricas y emergentes que marginaron a los países en desarrollo y asestaron un golpe a la Organización de Naciones Unidas (ONU), al no fijar compromisos vinculantes.
El documento final reconoce la necesidad de contener el calentamiento global en dos grados, respecto a la era preindustrial. Sin embargo no se estipulan plazos ni garantías de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, dijo AFP.
En materia económica el texto estipula una ayuda inmediata de 30.000 millones de dólares en un período de tres años (2010-2012) para los países en desarrollo y una meta progresiva de 100.000 millones anuales a alcanzar en 2020.
Trabajo duro
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, señaló que su organización tiene mucho trabajo que hacer en los próximos meses tras el reciente fracaso de la cumbre climática celebrada en Copenhague, apuntó DPA. "Algo aprendí de Copenhague: los políticos estaban unidos en sus objetivos, pero no en sus acciones", dijo Ban, para quien , sin embargo, la cumbre fue un éxito, ya que aunque no se pudo cumplir con todos los deseos de los países participantes se han dado "pasos" en la dirección correcta, señaló.
Ban pidió que los políticos de los estados líderes del mundo concentren ahora "todas sus fuerzas" en alcanzar en 2010 un acuerdo legal vinculante y rechazó las acusaciones de que la cumbre estaba dirigida por los intereses económicos de empresas y países puntuales.
Europa quiere cambios
No todos los políticos se muestran tan optimistas como Ban. Ejemplo de esta inconformidad son los altos funcionarios de la comisión europea quienes pidieron una reforma de la ONU tras el reciente fracaso de la cumbre, en medio de fuertes críticas del Reino Unido contra países emergentes como China por el papel que jugaron.
Los representantes de la Comisión Europea consideran que países productores de petróleo y energía como Venezuela, Bolivia, Nicaragua, y Sudán tenían una estrategia de bloqueo y utilizaron a Naciones Unidas para sus propios fines.
Mientras que el primer ministro británico, Gordon Brown, calificó la cumbre como "caótica". Brown pidió además la creación de una "instancia central" para dirigir futuras negociaciones. "Una de las cosas que me frustraron fue que no hubiera una instancia global con la responsabilidad total de la política medioambiental", agregó.
El ministro de Medio Ambiente de Reino Unido, Ed Miliband, acusó antes a China de haber vetado un acuerdo sobre la reducción de gases de efecto invernadero, con lo que evitó que pudiera firmarse un acuerdo. Según explicó Miliband al diario británico The Guardian, la mayor parte de los países estaban convencidos de que es necesario un acuerdo vinculante para luchar contra el cambio climático. Sin embargo "algunos países emergentes líderes no lo aprueban todavía", apuntó. Miliband también calificó a la cumbre de "caótica" y aseguró que su país no permitirá a las naciones que están en contra de un acuerdo que bloqueen "el progreso global". "No podemos volver a permitir que las negociaciones sobre puntos sustanciales sean secuestradas de esta forma", aseguró el titular de Ambiente.
Prensa inquisitiva
Los medios impresos también se hicieron eco de las críticas ante el acuerdo de Copenhague. "La lucha contra el cambio climático queda congelada", titulaba en portada el diario español El Mundo, mientras que El País acusaba en su primera página a Estados Unidos "de imponer al mundo su ley ante el cambio climático". El presidente estadounidense Barack "Obama resuelve con China la cumbre sin contar con Europa", agregaba el diario español, que en su editorial, titulado "la cumbre parió un ratón", lamentaba que "el acuerdo de mínimos de Copenhague ni siquiera fijara objetivos de reducción de emisiones". El diario francés Le Monde coincidía en señalar que "el acuerdo consagra la marginación de la Unión Europa" y que la reunión "ilustró la creciente fuerza de China". S
erá el año que viene en México cuando las naciones volverán a discutir el clima, con la ambición de que quizás en esta oportunidad se logren avances importantes.
EL UNIVERSAL, Martes 22 de diciembre de 2009

Greenpeace califica de "crimen climático" la Cumbre de Copenhague

EFE
La organización ecologista Greenpeace ha sido muy crítica con el resultado de la Cumbre de Copenhague, a la que se ha referido como un "crimen climático".
Responsables de esta organización han comparecido en rueda de prensa en Madrid para hacer balance de la conferencia de cambio climático, y han hecho público un informe que recoge sus conclusiones sobre esta reunión.
En ese informe, el director ejecutivo de Greenpeace Internacional, Kumi Naidoo, acusa a los líderes mundiales de "no haber hecho su trabajo", y los señala como culpables de que "el resultado de la Cumbre no sea justo, ni ambicioso, ni legalmente vinculante".
La organización considera "débil y poco ambicioso" el acuerdo sobre la reducción de emisiones de los países industrializados, y denuncia que los países desarrollados "no aceptan su responsabilidad en el cambio climático".
Greenpeace cifra en menos del 20 por ciento esta reducción de emisiones, lejos del 40 por ciento que la organización ecologista demandaba, como mínimo, para 2020.
Además, según Greenpeace, el acuerdo se ha alcanzado sin acordar previamente las normas en cuanto a mecanismos de flexibilidad y compensaciones, "dando lugar a lagunas y creando una situación similar a la del Protocolo de Kioto".
En cuanto a la financiación mediante la cual los países desarrollados aportarán dinero a los países en desarrollo para la adopción de medidas de mitigación, adaptación y reducción de la deforestación, el informe habla de falta claridad sobre "de dónde y cómo se obtendrá, sobre todo a largo plazo".
A su vez, Greenpeace lamenta que, al no haberse llegado a un acuerdo para lograr un nivel de deforestación cero en 2020, "es una oportunidad perdida para los bosques y para el clima".


ADN, Martes 22 de diciembre de 2009

Copenhague se cierra con un acuerdo decepcionante

Publicado el 21-12-2009 , por Financial Times
Un acuerdo vacío sería peor que no alcanzar ninguno, dijo la Casa Blanca antes de que Obama viajase a la cumbre de Copenhague. Al final de la cumbre, Barack Obama calificaba el acuerdo de Copenhague –el más vacío que podría imaginarse– de «importante avance». La credibilidad de Obama en su país y en el extranjero es una de las víctimas de este ridículo resultado.
El acuerdo redactado a la carrera por EEUU, China, India, Brasil y Sudáfrica no es más que una declaración de intenciones. Reconoce los argumentos científicos para mantener el aumento de la temperatura global en 2ºC. Pide a los países desarrollados que aporten 100.000 millones de dólares (69.728 millones de euros) anuales hasta 2020 para ayudar a las naciones pobres a cumplir con ese límite, pero sin especificar cuánto pagará cada país y a quién. Parece no comprometer a ninguno de los firmantes a nada.
A muchos países en vías de desarrollo no les gustó este resultado. Europa puede preguntarse por qué se la ha excluido del cuadro. No todos los asistentes a la cumbre se mostraron dispuestos a refrendar esta proclamación vacía.
Cabe preguntarse cómo es posible que una conferencia que culmina dos años de detalladas negociaciones, que se unen a más de una década de conversaciones, pueda haber terminado en semejante caos. Es como si no se hubiera hecho ningún trabajo preparatorio. Faltaba el consenso en los temas más básicos. ¿Estaban o no allí los países para negociar unos límites vinculantes? Nadie parecía saberlo.
Desde el principio, la desorganización fue total. En esto, al menos, la atención a los detalles fue admirable. Los organizadores invitaron al evento a más personas de las que podían ser acomodadas, y quedaron desconcertados cuando llegaron. Los delegados esperaron durante horas bajo un frío glacial, una escena que lo resumía todo. Los organizadores habían planeado la celebración de un nuevo pacto global –pero la fiesta fue un desastre y se olvidaron de conseguir el acuerdo–.
Los gobiernos tienen que entender, incluso si no pueden decirlo, que Copenhague ha sido totalmente inútil. Cuando se atrae la atención mundial con un evento de este tipo, hay que mostrar resultados, de lo contrario, se pierde el impulso político. Declarar como éxito lo que todos saben que es un fracaso resulta poco convincente, y empeora las cosas. El peligro ahora es la pérdida del ímpetu. En el futuro, los gobiernos tienen que respetar la regla de oro de la cooperación internacional: primero el acuerdo, las celebraciones y las fotos para después.
Aparte de eso, ¿qué revela Copenhague sobre los obstáculos para el progreso –y cuál es el mejor medio de superarlos–?
El cambio climático requiere la cooperación global, porque las emisiones globales de gases de efecto invernadero son el desencadenante. La actuación colectiva es esencial. El problema de que unos puedan aprovecharse de los esfuerzos de otros es obvio y hay que abordarlo. Pero el máximo acuerdo, un tratado global con límites vinculantes para las emisiones, va ser extremadamente difícil de alcanzar.
Incluso si existiera la voluntad para hacerlo, obligar a cumplir los límites sería un problema, tal y como ha demostrado ampliamente el protocolo de Kyoto. Si el modelo maximalista puede revivirse a tiempo para la conferencia prevista en México en diciembre del año que viene, estupendo: la clave, sin embargo, es que el progreso no puede subordinarse a ello. Hacen falta un mayor pragmatismo y flexibilidad.
EEUU y China pueden asumir el liderazgo. En Copenhague, la fricción entre ambos fue evidente. Mientras que EEUU pedía una verificación independiente de la reducción de las emisiones, China se resistía a la violación de su soberanía. De hecho, ambos países no son tan diferentes: el Congreso de EEUU muestra tanto celo por la soberanía nacional, y tanta cautela con respecto a las obligaciones internacionales, como China. Ambos países deberían asumir el liderazgo mediante el ejemplo, con las políticas unilaterales de disminución de las emisiones de carbono que ya han sido anunciadas o que están en estudio: el comercio de carbono en EEUU, y medidas para reducir la intensidad de las emisiones en China. El marco internacional no necesita insistir en un acuerdo rígido. Sobre todo, no debería dificultar las políticas que vayan en la dirección adecuada.
A largo plazo, es necesario que todos realicen un esfuerzo similar, pero esto puede evaluarse de muchas formas. El control del precio del carbono es una base para la cooperación mucho menos exigente que los límites vinculantes cuantitativos fijados con décadas de antelación. El marco internacional debería ampliarse para dar cabida a esta forma de coordinación más indulgente. La generosa ayuda para que los países en vías de desarrollo reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero está garantizada, pero debería negociarse por separado. Lo necesario, una vez más, es dividir el problema en partes manejables.
Copenhague ha mostrado los límites del actual enfoque. Es primordial recuperar la cooperación internacional. La mejor forma de lograrlo es exigiendo menos de ella.
EXPANSIÓN, Martes 22 de diciembre de 2009

21 diciembre 2009

Londres acusa a China y a otros países de boicotear la cumbre de Copenhague

AGENCIAS - LONDRES
El ministro de Medio Ambiente británico, Ed Miliband, ha acusado a China, Sudán, Bolivia, Venezuela, Nicaragua y Cuba de tratar de boicotear el acuerdo en la cumbre sobre cambio climático que se cerró esta semana en Copenhague y que concluyó con un acuerdo de mínimos no vinculante.
En un artículo publicado en el periódico The Guardian, Miliband ha incidido en que unos pocos países no podrán "bloquear el progreso global". "No podemos dejar que las negociaciones sobre los puntos sustanciosos sean secuestradas de nuevo de esta forma", ha denunciado, en alusión a un grupo de países de los que sólo ha citado explícitamente a China.
En este sentido, ha señalado que Pekín vetó cualquier acuerdo en materia de reducción de emisiones pese a que existía un amplio consenso entre los países desarrollados y un apoyo también evidente entre la mayoría de países en vías de desarrollo. De cara al futuro, el ministro británico ha pedido una "gran reforma" del organismo de la ONU que supervisó el encuentro, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
The Guardian ha avanzado que las acusaciones de Miliband se repetirán hoy en boca del primer ministro, Gordon Brown, que pedirá que nunca más se produzca un "estancamiento" en las conversaciones como el vivido en la capital danesa ni que las negociaciones en torno a un pacto global "para un futuro más verde" sean secuestradas "por un puñado de países".
Morales ofrece Bolivia como sede
Por su parte, tras las críticas recibidas, el presidente boliviano, Evo Morales, ha propuesto la celebración de una cumbre sobre clima en su país. El mandatario reclama "una gran movilización internacional para defender el medio ambiente, especialmente del agua". A su juicio, este interés ecológico pasa por convocar una nueva reunión tras el documento"antidemocrático" firmado en Copenhague, por lo que propone el encuentro para el próximo 22 de abril, Día de la Tierra, en la Paz.
En este evento "se propondrán soluciones sobre el cambio climático", anticipa, mostrando su frustración por la falta de consenso en la capital danesa. "Si ahora no tomamos decisiones importantes, dentro de 30 años más nuestros hijos y las próximas generaciones van a tener problemas serios", advirtió. Morales ha explicado que por culpa del calor ya muere gente y, entretanto, "los países capitalistas no quieren cambiar sus políticas para evitar mayor daño a la naturaleza".
Morales apuesta por invertir el proceso y dar al poder a "los pueblos" si las potencias no quieren revertir el calentamiento global.
ABC, Lunes 21 de diciembre de 2009

China celebra el acuerdo de Copenhague y niega pactos secretos con EEUU

Por Agencia EFE
Pekín, 21 dic (EFE).- El Ministerio de Asuntos Exteriores chino calificó de "importante y positivo" el acuerdo logrado en la Cumbre del Cambio Climático de Copenhague, y calificó de "falsas e irresponsables" las informaciones que señalaron a Pekín y Washington como las grandes culpables de que no hubiera un pacto vinculante.
El ministro de Asuntos Exteriores chino, Yang Jiechi, se mostró anoche optimista sobre los resultados de la cumbre, y aseguró que China "continuará trabajando con el resto de la comunidad internacional" para hacer frente a los retos del mundo, incluido el planteado por el calentamiento global.
Mientras el canciller chino pronunciaba estas palabras, en una recepción de Año Nuevo para los diplomáticos en Pekín, su portavoz Qin Gang subrayaba en declaraciones a Xinhua la "transparencia" que China mostró en sus comunicaciones en Copenhague y negaba "pactos secretos" entre Pekín y Washington para salvar la cara de ambos.
"Algunos medios aseguran que el acuerdo no fue transparente porque se alcanzó secretamente entre EEUU y los países BASIC (Brasil, Sudáfrica, China y la India) sin consultar a otros países (...). Son comentarios que no son ciertos, irresponsables y con motivos ocultos", aseguró Qin.
El portavoz aseguró que en las negociaciones, en las que participó el primer ministro, Wen Jiabao, China defendió desde el principio que los países pobres no han de tener obligaciones vinculantes, ya que Pekín opina que la responsabilidad histórica del cambio climático recae en los países más desarrollados.
Qin afirmó que la comunicación de China fue especialmente fluida con el bloque de países menos desarrollados así como las naciones isleñas más amenazadas por el calentamiento global, "y la posición y proposiciones de China fueron ampliamente apoyadas y apreciadas".
La fuente oficial aseguró que el acuerdo de Copenhague es positivo porque mantiene responsabilidades diferenciadas entre naciones ricas y pobres, "da nuevos pasos para la reducción de emisiones de los países desarrollados" y obtuvo consenso en temas como la ayuda financiera y tecnológica.
Qin concluyó señalando que la Cumbre de Copenhague "no es el final, sino un nuevo principio" para la lucha contra el cambio climático.
La cumbre en la capital danesa finalizó el sábado tras maratonianos debates, con un acuerdo de mínimos ofrecido por el presidente estadounidense, Barack Obama, y que según muchos medios de comunicación se "cocinó" en el encuentro que éste mantuvo con el primer ministro chino.
El acuerdo establece ayudas millonarias a los países en desarrollo para que aumenten sus programas medioambientales, y ordena a las naciones ricas que reduzcan emisiones, pero no establece cuotas, por lo que éstas deberán ser decididas en posteriores negociaciones (como las de 2010 en México).
China anunció a finales de noviembre que reduciría su intensidad de carbono (emisiones de dióxido de carbono por unidad de PIB) entre un 40 y un 45 por ciento en 2020 con respecto a 2005.
La medida, si bien no necesariamente se traducirá en una reducción de la polución emitida, sí debería suponer el cambio a modelos de desarrollo más sostenibles en el gigante asiático.
EFE, Lunes 21 de diciembre de 2009

Europa acusa a China del fracaso de Copenhague, pero pide realismo

RAFAEL MÉNDEZ (ENVIADO ESPECIAL) - Copenhague -
La UE ha optado por el realismo para analizar el resultado de la Cumbre del Clima. "Ha sido decepcionante", declaró ayer a Sky News el ministro británico Ed Miliband, el único líder capaz de salvar el acuerdo a las siete de la mañana del sábado tras una noche de discusiones. El principal fallo del acuerdo, dijo, es que no incluye cómo hacer vinculantes los compromisos para lograr contener el ascenso de la temperatura en un máximo de dos grados. En el texto no se establece ni la concentración de CO2 necesaria para lograr ese objetivo, ni el año del máximo de emisiones, entre 2015 y 2020, ni la necesidad de que en 2050 sean la mitad que en 1990. Y Miliband culpó abiertamente de ello a Pekín: "Un pequeño número de países en desarrollo, entre ellos China, no querían un acuerdo vinculante", lamentó. Pero, aún así, lo juzgó un mal menor: "Las alternativas eran: falta de acuerdo o esto".
Miliband expresó en voz alta las impresiones de la mayoría de los delegados europeos en Copenhague. Durante los tres días perdidos por las protestas africanas sobre el procedimiento de diálogo, los negociadores europeos veían detrás una táctica de China, perteneciente al mismo grupo. "Los africanos daban la cara y los chinos estaban muy cómodos callados detrás poniendo palos en las ruedas. Quedabas en una reunión bilateral con ellos para desbloquear el proceso, te decían que sí pero luego no aparecían", resumió en los pasillos uno de ellos.
Los Veintisiete constataron con sorpresa que Pekín llegó a vetar la inclusión de objetivos de reducción de emisiones del 80% en 2050 para los países desarrollados. "Decían que si poníamos eso tarde o temprano se les exigiría a ellos", resumió el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. El resultado final es un texto no vinculante.
Pero Europa, relegada a un papel secundario en la cumbre, está empeñada en resaltar lo positivo del acuerdo. "Aquellos que sólo critican Copenhague se alinean con los que frenan" la lucha contra el calentamiento", afirmó la canciller alemana Angela Merkel, al diario Bild am Sonntag. "Copenhague es un primer paso hacia un nuevo orden climático mundial", señaló. El primer ministro danés, Lars Loekke Rasmussen, presidente de la cumbre, se pronunció en la misma línea: "Un acuerdo es mejor que nada".
Rasmussen ha dirigido la cumbre climática los días clave con una mentalidad cuadriculada, sin cintura ninguna para atraer a los países desarrollados ni autoridad para imponerse, como se vio en la última noche, cuando cinco países sin peso (Venezuela, Bolivia, Niacaragua, Cuba y Sudán) bloquearon durante 10 horas el plenario por su oposición al acuerdo. La representante de Bolivia cuya capital está a 3.000 metros de altura, llegó a decir que lo hacía por el futuro de las pequeñas islas, que sí aceptaban el acuerdo como única opción. El presidente de Maldivas, Mohamed Nasheed, presente hasta el final de la cumbre, les imploró que dejaran de bloquear el acuerdo, ya que con su postura, el llamado bloque bolivariano y Sudán impedían la puesta en marcha del fondo de arranque de 10.000 millones de dólares al año (6.900 millones de euros) a partir de 2010 para los países en desarrollo.
El mejor termómetro del resultado es que Pekín se felicitó ayer por los resultados "positivos y significativos", según el ministro de Exteriores, Yang Jiechi. Pekín cedió ante Obama en la transparencia y aceptó crear un nuevo sistema "internacional de consultas y análisis" que no interfiera en la "soberanía nacional". A cambio de ese sistema aún por definir, limó lo poco que tenía el acuerdo.
La duda que planea entre muchos delegados y observadores es qué va a pasar ahora. El sistema de Naciones Unidas, en el que las decisiones se toman por consenso, parece que ha llegado al límite. Si, como ha ocurrido, los acuerdos se resuelven entre los grandes en una sala a puerta cerrada, en un pabellón tomado por la policía, sin apenas ONG y con el pleno vetado a la prensa, entonces eso se parece poco a la Convención de Cambio Climático de Naciones Unidas y más a la Organización Mundial del Comercio. Oxfam espera que la ONU cambie su sistema de gobernanza para que el consenso no sea imprescindible.

EL PAÍS, Lunes 21 de diciembre de 2009

EE UU se declara vencedor

RAFAEL MÉNDEZ Copenhague
El destino de la lucha contra el calentamiento se ha decidido en una sala cerrada de la primera planta del centro de convenciones de la Cumbre del Clima de Copenhague. Allí, Barack Obama, el chino Wen Jiabao, el brasileño Lula da Silva y el indio Manmohan Singh no sólo acordaron un acuerdo que admitieron como insuficiente.
En esa sala, con poco más de 35 personas, EE UU impuso su ley y logró el cambio de eje de las relaciones internacionales en la lucha con el cambio climático y en el sistema de Naciones Unidas, incapaz de avanzar durante dos años. Los 119 líderes reunidos en Dinamarca regresaron a casa sin foto de familia. Algo, mucho, saltó por los aires en esa sala a puerta cerrada.
Con el pacto promovido por EE UU, a la UE y al resto de países no le quedó más que ratificarlo tras una noche de debate vacío en el que sólo Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Cuba y Sudán se opusieron para ganar protagonismo.
El Acuerdo de Copenhague siempre fue cosa de dos, China y EE UU.
Hasta tal punto han monopolizado los debates que en uno de los últimos borradores los países escribieron entre corchetes: "Introducir aquí la consideración de EE UU y China". Así figura en el cuarto borrador, junto al punto de cómo el acuerdo permitiría verificar las emisiones de los países emergentes, el punto al que China se opuso.
Así que Obama y Wen, en su segundo encuentro en el día, dieron con la fórmula: los países en desarrollo realizarán su propia "medición, declaración y verificación de sus emisiones", pero a la vez aceptan un sistema de "consultas y análisis internacionales bajo unas guías claras que asegurarán que se respeta la soberanía nacional".
Pekín vetó la palabra verificación como una opción de la ONU. Los recortes de emisiones financiados con dinero internacional -sea un parque eólico o una central hidroeléctrica- sí tendrán control internacional.
El lenguaje es enrevesado como todo en esta cumbre. Leer los tres folios del Acuerdo de Copenhague es sumergirse en conceptos aparentemente vaporosos pero que esconden detrás dos años -desde que en Bali en 2007 se acordó que en 2009 habría un tratado- de enconadas disputadas.
El texto también establece que "el cambio climático es uno de los grandes retos de nuestro tiempo", que "el incremento de la temperatura debería estar por debajo de dos grados" y que las emisiones habrían de tocar techo "lo antes posible". Y todo esto se conseguirá, supuestamente, con objetivos voluntarios de reducción de emisiones que los países presentarán antes de febrero de 2010.
"Científicamente el acuerdo es como una mesa de una sola pata: no se aguanta", resume un negociador. Las rebajas anunciadas, en caso de cumplirse, sólo reducirían un 18% las emisiones de los países desarrollados en 2020, lejos del rango de entre el 25% y el 40% que pidió el Panel Intergubernamental de Cambio Climático. Con las ofertas voluntarias la temperatura subirá unos tres grados, según un informe de la ONU. "El acuerdo no sirve para el objetivo de los dos grados", admitió el presidente de turno de la UE, Fredrik Reinfelt.
Los textos previos, incluso el acordado en la reunión G-8 del pasado verano o el pactado en Bali en 2007 eran mucho más precisos y pedían una reducción mínima de emisiones del 25%. Pero la Casa Blanca se opuso por poco realista. Europa confiaba en que, al dirigirse al mundo, Obama fuera más allá. "En reuniones informales nos habían dicho que con compensación de emisiones su bajada estaría entre el 26% y el 33%", explicó en los pasillos Josef Matthias Leinen, jefe de la delegación del Parlamento Europeo. Pero Obama, enrocado en elevar la presión a China no se movió de su postura.
En el acuerdo tampoco aparece que en 2050 las emisiones deberían situarse un 50% por debajo de las de 1990. Lo vetó China, como reveló el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. Lo más claro es el compromiso de financiación para los países en desarrollo, que permitió a los africanos sumarse al acuerdo.
El resultado no satisface a nadie. Obama, en una breve declaración antes de dejar Copenhague por la puerta de atrás, dijo: "Sabemos que el avance no es suficiente y que queda mucho camino por hacer". El presidente de EE UU, sin embargo, pidió realismo: "Creo que hace falta un tratado (vinculante). Pero esta era la típica situación en la que si hubiéramos esperado a que pasara no habríamos avanzado nada" y criticó a quienes hubieran preferido "dos pasos atrás antes que un paso adelante". Obama, cuyo discurso en Copenhague, fue recibido con una inusitada frialdad por el tono mecánico y tenso de sus palabras. Se defendió de que en el acuerdo todo sea voluntario: "Kioto era legalmente vinculante y a todo el mundo le pareció poco. Es importante avanzar en vez de tener palabras en un papel".
Como no había forma de acordar nada sobre cómo pasar de los objetivos voluntarios a un acuerdo legalmente vinculante en 2010 -como querían la UE y EE UU- la opción fue dejarlo en blanco. El papel no aclara si se prorrogara Kioto, si habrá un nuevo tratado ni cuándo. Simplemente no existe ninguna mención. En busca del consenso para salvar la cara se llegó a situaciones así.
Una vez pactado entre los cinco grandes, Obama anunció que se lo comunicaría "a los europeos" y luego al grupo de 28 jefes de Estado y de Gobierno de todos los grupos que preparaban el texto político.
El sistema de trabajo es el resultado de una inteligente estartegia de EE UU. Obama, con el Nobel de la Paz por el mutilateralismo, envió una delegación de altísimo nivel a la cumbre. Desde la primera semana, el enviado especial de Obama, Todd Stern, dirigió las negociaciones, mucho antes de que llegaran los ministros europeos. Por la cumbre han pasado siete seretarios (ministros) de su Administración, desde Hillary Clinton al premio Nobel de Física y secretario de Energía, Steven Chu.
Pero a la vez, Washington ha conseguido lo que Bush no logró: sacar la negociación fuera del plenario de Naciones Unidas, donde cualquiera de los 193 países puede vetar cualquier acuerdo y eternizar las discusiones. Obama negoció a puerta cerrada, lo entregó al pleno y se fue. Los delegados seguían enzarzados en discusiones sin final y en largos discursos con barrocas formas de cortesía diplomática -"con el debido respeto a esta presidencia y sin socavar su autoridad", y frases similares cuando el avión presidencia aterrizaba en Washington.
Bush intentó crear un foro paralelo a la ONU en el que las grandes economías se pusieran de acuerdo para, de forma voluntaria, afrontar el cambio climático. Fracasó. Igual que ha ocurrido en Copenhague pero dentro de un edificio de Naciones Unidas.
"Lo ocurrido, el pacto a puerta cerrada refrendado por la ONU, tendrá enormes cnsecuencias, no solo para la Convención de Cambio Climático, sino para todo el sistema de Naciones Unidas. Vamos hacia la Organización Mundial del Comercio donde todo se decide a puerta cerrada", lamentó resignado ayer por la mañana, después de más de 24 horas sin dormir, Kim Carsten, de WWF, uno de los únicos 300 miembros de ONG autorizados a entrar los últimos días de la cumbre. "Si la UE ha eliminado la unanimidad porque no sirve para 27 países con intereses comunes, ¿cómo va a servir para la ONU?".
El problema es que el espectáculo que ofreció la ONU como alternativa fue lamentable. 183 países estaban de acuerdo y pedían apoyar el texto como la única solución posible. Pero el bloque bolivariano -Bolivia, Venezuela, Nicaragua y Cuba- y Sudán se oponían. El sudanés Lumumba Stanislaus Di-Aping llegó a afirmar que el texto "es producto de la misma ideología que llevó a los hornos crematorios a seis millones de personas en Europa", por lo que recibió reproches de decenas de Estados.
Durante 10 horas, toda la noche, decenas de países defendieron el texto, pero la ONU exige consenso y por la mañana Hugo Chávez y Evo Morales ya habían anunciado que bloquearían cualquier acuerdo porque no habían sido invitados a la reunión de 28 países y porque la ONU no funciona así. A las siete de la mañana, el ministro británico Ed Miliband, frenó en el último segundo, a base de dar golpes en la mesa para llamar la atención del presidente, que el texto quedara incluido como una simple propuesta, lo que habría impedido aplicar los fondos de ayuda a los países en desarrollo. Miliband, en una vibrante intervención advirtió de que si el acuerdo era rechazado "supondría romper la convención de Naciones Unidas", algo que planeaba en el ambiente ya que de ninguna forma lo acordado por los líderes de 183 países iba a depender de Chávez.
"Ha sido el plenario más vergonzoso al que he asistido. Si no somos capaces de ponernos de acuerdo en esto, ¿cómo vamos a alcanzar un tratado vinculante?", declaró el representante saudí.
Pasadas las 10 de la mañana, tras dos horas de parón para consultar con los servicios jurídicos, la cumbre "tomó nota" del acuerdo y el presidente golpeó con la maza a toda velocidad para que nadie pudiera protestar. La fórmula permite, según el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, que el acuerdo "entre en vigor inmediatamente", dijo tras observar mudo desde la presidencia 10 horas de descontrol.
La reacción de Miliband, una de las figuras clave del laborismo británico, salvó la cara de la UE. Apartada en la negociación clave, los europeos se van de Copenhague con la sensación de que les han robado la cartera, que el proceso que lideraron durante dos décadas ya no está bajo su control y que, los nuevos capitanes quieren ir en otra dirección. Barroso hizo malabarismos: "La UE lidera cuando se trata de elevar los objetivos, pero no está cuando lo que se busca es reducir la ambición". La UE se reserva su oferta de ampliar su recorte de emisiones del 20% actual al 30% hasta ver cómo evoluciona la negociación. Los delegados europeos musitaban por los pasillos las palabras "Decepción, desastre y fiasco". "Es el mundo que tenemos", lamentaban. Y, sin embargo, el pacto se salvó por el empuje de un británico, no por la representación estadounidense.
La reacción china al acuerdo también fue fría. Cuando Wen aceptó el pacto, uno de sus ministros comenzó a gritar en chino con gestos de desacuerdo. "La traductora no dijo qué gritaba", explica una fuente presente en el encuentro. En el plenario que después adoptó el pacto entre los cinco grandes, China no defendió ni una sola vez su aprobación frente a las críticas del bloque bolivariano. La delegación china aplaudía las declaraciones de estos países contra la forma "antidemocráctica en la que se adoptó el acuerdo", según negociadores en la sala, cerrada a la prensa por primera vez en 10 años. Fuentes de la ONU dudan de que Pekín buscara boicotear su acuerdo a través de otros países: "Probablemente lo hacían porque arremetían contra EE UU y los países ricos".
La dificultad para alcanzar un acuerdo puede parecer excesiva, pero es que las implicaciones de la lucha contra el cambio climático son inabarcables: para conseguir limitar la temperatura y estabilizar la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera hace falta una revolución industrial con energía verde, dejar atrás el petróleo, actuar sobre el comercio internacional, tratar la aviación, evitar la deforestación... La española María Neira, de la Organización Mundial de la Salud, estuvo hasta el ultimo día: "Si esto sale adelante sera el principal tratado de salud pública del mundo. Los millones de muertes por contaminación en las ciudades y la mala calidad del aire interior por combustión de cocinas de mala calidad en países en desarrollo empezarán a caer".
El acuerdo incluye que el Fondo del Clima pagará a los países tropicales para que no talen sus bosques, imprescindibles para el planeta. Luz entre las sombras.

Claves del pacto
- EMISIONES. Los países "subrayan que el cambio climático es uno de los grandes retos de nuestro tiempo" y que hay actuar para "estabilizar la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que prevega una interferencia antropogénica con el clima (...) por lo que el aumento en la temperatura global debería estar por debajo de dos grados centígrados". Para ello se comprometen a "cooperar para conseguir que las emisiones nacionales toquen techo lo antes posible". El acuerdo no incluye la concentración de CO2 necesaria -450 partes por millón- para ese objetivo, ni el año del máximo de emisiones, entre 2015 y 2020, según el IPCC, ni la necesidad de que las emisiones en 2050 sean la mitad que en 1990.
- PLANES NACIONALES. Los países desarrollados "se comprometen a presentar objetivos de reducción de emisiones antes del 1 de febrero de 2010". "Estas reducciones y la financiación a los países en desarrollo serán declaradas, medidas y verificadas" por la ONU.
Los países en desarrollo podrán "implantar medidas de mitigación" de emisiones que comunicarán antes de febrero de 2010. Estas acciones serán objeto de "declaración, medida y verificación nacional" y cada dos años informarán a la ONU y habrá un sistema "internacional de consulta y análisis bajo guías claramente definidas que aseguren que se respeta su soberanía nacional". Las acciones financiadas con dinero internacional estarán sujetas a la supervisión normal de la ONU.
- "Los países menos desarrollados y las pequeñas islas podrán realizar acciones voluntarias si recben apoyo".
EL PAÍS, Domingo 20 de diciembre de 2009